Hacer comunicación

Quienes dedicamos parte de nuestra actividad profesional a la labor de consultoría nos hemos encontrado en situaciones en las que alguien nos dice que su empresa ha hecho algo que considera relevante, y en consecuencia nos pide orientación sobre la mejor manera de hacerlo noticia a través de la prensa o la televisión.

Ciertamente esa es una situación –digamos–- corriente. Pero no pocas veces una acción que se deja de hacer puede comunicar tanto, o más, que lo que se comunica de manera formal a través de un periódico o la TV. Si por adición, lo que se hace o se deja de hacer resulta incongruente con lo que se dice, pues no habrá consultor que valga.

Tal reflexión surgió de una conversación con uno de los miles de sabios que habitan nuestras ciudades: un taxista. Fue al comentar una situación común en Caracas, el asesinato de una mujer en una zona residencial de la ciudad.

¿Qué hizo que ese homicidio fuera distinto a los otros cien que ocurren cada semana en Venezuela? La diferencia estuvo en la mención que del caso hizo el presidente HCh en su programa dominical, cuando lamentó la muerte de esta señora y pidió a todos los venezolanos que protegiéramos a otras personas como ella.

¿Quién era esa mujer que reclamó la atención del Presidente? La occisa, como diría una noticia de última página, era una médica cubana de los cientos que ha traído el gobierno venezolano a trabajar en la llamada Misión Barrio Adentro. De manera que el presidente venezolano no solo endosó en la gente común y corriente su responsabilidad en materia de seguridad ciudadana, sino que dejó de manifiesto que una médico cubana por la que Venezuela paga mensualmente a la dictadura castrista un estipendio en dólares a cambio de sus servicios, es más importante que cualquier ciudadano venezolano.

Pero los médicos cubanos no son la única importación que hace el gobierno venezolano desde Cuba. También ha importado un modelo de comunicación oficial que está más cerca de la propaganda ideológica que de la información periodística. En la página principal de la gubernamental Agencia Bolivariana de Noticias venezolana se leen expresiones contra el “imperialismo norteamericano”, contra la “agresión de los medios”,  “el neoliberalismo salvaje” y “la agresión estadounidense”.

El taxista expresaba su disgusto y su rechazo ante el pedido de HCh de para proteger a los médicos cubanos de la delincuencia. “¿Quién lo cuida a uno?”, se preguntó. A lo que yo agregué el dato reciente de que tan solo a 48 horas de haber ocurrido en homicidio, ya el presunto homicida había sido puesto a la orden del tribunal para ser imputado por homicidio calificado, luego de que la fiscalía y la policía judicial mostraran una eficiencia nunca vista cuando se trata de esclarecer casos similares. Por eso debe ser verdad lo que escuché en alguna parte, que solamente el 2 por ciento de los asesinatos resultan en sentencia firme.

Entonces fue cuando me pareció inútil que los asesores propagandísticos del Ministerio de Comunicación e Información repitan sus mensajes contra el imperialismo norteamericano, o propongan un foro en Internet sobre la reforma policial. Lo que dice el gobierno venezolano sobre la seguridad de sus ciudadanos es incongruente con lo que hace y deja de hacer en ese sentido. El dolor por la muerte de amigos y familiares comunica más que los avisos de publicidad que rezan que “Con Chávez manda el pueblo”.

¿Quién se ofrece para asesorar al gobierno venezolano en su comunicación en relación a la seguridad personal? La paga es buena. Si no, pregúntenle a Ignacio Ramonet.

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