Para entender a Trinidad Jiménez

Una conversación de amigas giraba en torno a la crítica que le hacían a la ministra española de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez, quien negó que en Venezuela hubiera presos políticos. Me permití terciar en este asunto con una teoría: Parte del éxito del régimen de Hugo Chávez es ser el prototipo de la Tiranía del Siglo XXI, una especie de totalitarismo que no se percibe como tal en tanto mantiene aspectos pseudo-democráticos.
Lo mismo pasa con el concepto de “preso político”. Para el político tradicional peso político es, en preciso sentido, alguien privado de su libertad al ser acusado por alguna acción contra el sistema o régimen, a partir de un delito de conciencia. Para que exista un preso político debe haber una calificación como tal por parte de alguna instancia, gubernamental o no gubernamental. Adicionalmente, esa institución debe ser percibida como facultada para emitir el calificado de “preso político”.
Aunque en Venezuela sabemos que Simonovis, Forero, Afiuni, etc, están presos por motivos políticos, el tinte que se muestra al exterior es que se trata de procesos penales por delitos o faltas simples de jurisdicción civil; no por delitos de pensamiento. Eso es visto como natural, sobre todo en el supuesto de que los sistemas Ejecutivo y Judicial son autónomos.
En Cuba sí se percibe que hay presos políticos, porque se detiene a “disidentes”. En Venezuela a los opositores se le aterroriza con ataques de bandas armadas, como por ejemplo, le ocurrió a los directivos de Fedecámaras la semana pasada, pero no se le abre un proceso formal al modo cubano o chino.
No dudo que haya intereses de España, como de otros países tras los cuáles se oculten estas medias-tintas, pero también hay que reconocer que uno de los logros de este Socialismo del Siglo XXI es “venderlo” como un proceso legitimado en la democracia de los votos y en la institucionalidad.
Si no, recuerden cómo se instaló en la opinión pública mundial lo ocurrido el 11A como un “intento de golpe de estado”. Todos sabemos que eso nunca fue tal cosa. Pero venderlo así, y el consecuente “regreso por aclamación popular”, le ha servido mucho al régimen chavista. Correa  lo repitió recientemente en Ecuador con el mismo éxito. Al parecer ya forma parte del manual de buenas prácticas de la franquicia revolucionaria chavista.
Ese tinte se va destiñendo poco a poco, es verdad, pero la lectura fácil que terceros le dan a nuestro complejo proceso venezolano, es una ventaja que el régimen sabe aprovechar.

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